El lado natural del turismo

Los naturalistas tendemos a llevar nuestra afición por la naturaleza a cualquier lugar que pisemos, lo que puede dejar estupefactos a nuestros compañeros de viaje. Puede parecer raro, tal vez estamos en una ciudad monumental disfrutando de grandes obras arquitectónicas, pero si aparece cualquier ave el instinto nos lleva a lanzar la mirada inmediatamente para observar esa sorpresa recién llegada. Claro que también digo que si es tu primera vez en París y frente a la torre Eiffel en vez de gozar de ese monumento te entretienes analizando la edad de las gaviotas reidoras puede que se esté yendo un poco de las manos, ya que todo tiene su momento y su espacio. Conozco a mucha gente incapaz de disfrutar del arte y los monumentos, por lo que al instante están mirando a los gorriones y palomas, a mí es algo que me cuesta entender pero evidentemente cada uno puede hacer lo que le venga en gana.

Dicho esto, me apetecía escribir sobre el rol de la naturaleza en las ciudades monumentales, o de cómo puede valorarse este aspecto como patrimonio de una ciudad, a la altura de lo demás. Es un tema sobre el que llevo meses pensando.

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Personalmente creo que la naturaleza urbana es una motivación añadida, un extra que no todos son capaces de disfrutar. Por ejemplo, en Roma puedes disfrutar durante horas de sus infinitas obras inmortales, pero al atardecer el cielo se ennegrece de estorninos (varios millones), lo que representa todo un espectáculo de piruetas y formas geométricas en el aire. Como digo, para un observador curioso es un añadido, puedes perfectamente disfrutar de todo lo que las demás personas y además tener esos otros pequeños placeres.

Del mismo modo, si estás en Sevilla puedes disfrutar de la catedral y la Giralda, pero también puedes valorar la suerte que es tener una gran población de cernícalos primilla, y dedicar un rato a su observación. No creo que sea exceso de frikismo, creo más bien que tener afición y conocimientos sobre temas naturales nos abre a nuevas posibilidades y nos lleva a añadir nuevos motivos de interés para visitar un lugar. No somos catetos con pájaros en la cabeza, somos capaces de encontrar la belleza en lo mismo que las masas de turistas pero además podemos valorar estos aspectos extra.

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Por otro lado, el saber de plantas y animales puede llevarte a comparar lo que hay en cada lugar, con lo interesante que resulta para ver el espacio que dejan a la biodiversidad en cada lugar, e incluso puedes ver especies que son nuevas para ti o que no hay en tu lugar de origen. La naturaleza presente en las ciudades puede ser sorprendente, y aún no se valora lo suficiente por parte del oriundo y del visitante. En algunas grandes urbes hay especies protegidas, o especies difíciles de ver, y esto ha de valorarse como un patrimonio a la altura de lo demás.

En cuanto a parques volvemos a lo mismo, en muchos lugares hay parques cuidados y variados y un paseo para observar las especies presentes en los parques, el espacio que dejan a la naturaleza, el uso que hacen de esas zonas los ciudadanos y otro sinfín de matices resultan igualmente interesantes para el viajero naturalista. Un ejercicio interesante que se une a todo lo que sale en las guías de viajes y en Internet. Personalmente, cuando viajo a un lugar suelo incluir algún parque entre mis visitas obligadas, por lo que he expuesto anteriormente y porque me dice mucho de la gestión de esa ciudad y del grado de educación de la ciudadanía. Lo disfruto mucho, y no creo que esté perdiendo el tiempo.

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En resumen, que entre los que ven en el Coliseo solo un montón de piedras y prefieren fotografiar palomas -que los he conocido- y los que por desinterés o desconocimiento llaman frikis a los que incluimos algo natural en nuestros viajes existe un amplio abanico de ricos matices que si os animárais a conocer os supondrían una nueva fuente de entretenimiento cuando salís de la rutina diaria del hogar. Lo mismo digo a la hora de incluir visitas a librerías antiguas, zonas donde se han filmado películas, los barrios lejos de la zona histórica en los que se hace vida normal… viajar es una experiencia que llega hasta donde quiera el viajero, más allá de los tópicos.

Que cada uno haga lo que le venga en gana cuando viaje, pero si probáis a incluir la naturaleza entre vuestras motivaciones difícilmente saldréis decepcionados y al poco tiempo ya os habréis dado cuenta del gran acierto que habéis tenido.

pd: Esta entrada la he escrito tras tener alguna conversación en la que algunos acompañantes me llamaban friki por fijarme en las plantas y animales que había en ciudades, y en las diferencias con mis lugares de origen.

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