Pokemon, animales y niños

Imagino que lo que relato hoy le habrá pasado sobre todo a aquellos que suelen lidiar más con niños, ya sea por ser profesores, padres, educadores ambientales, o tener sobrinos o primos pequeñajos. Lo he observado en numerosas ocasiones, y apuesto algo a que no soy el único que lo ha pensado alguna vez. Hay muchos niños que saben de memoria todos los videojuegos de pokemon, sobre todo se saben todos los nombres, el tipo de cada pokemon, su hábitat, sus poderes, sus evoluciones,etc… y en cambio apenas saben nada de naturaleza del mundo real. ¿No os habéis dado cuenta? Ni el gorrión se saben, es más, ven el campo como algo hostil, todo pincha, todo puede ser peligroso, “¿eso pica?¿muerde?”, suelen decir.

 

A mí me resulta muy triste, algo ha fallado ahí. En algunos casos que conozco la verdad es que los padres no son nada aficionados al campo, su vínculo con su planeta se limita a separar las bolsas de la basura y no dejar desperdicios tras las barbacoas playeras, y ni ellos saben nada de campo ni introducen el conocimiento y disfrute de la naturaleza entre lo que planean inculcar a sus hijos. Una pena, los niños y adolescentes son el futuro, y hablo con conocimiento de causa cuando digo que un porcentaje altísimo de niños que conozco nunca ha ido a un espacio protegido, ven el campo como algo agresivo y donde algo malo puede pasar en cualquier momento, se asustan cuando se ven lejos de grandes ruidos y carreteras (“oye, ¿no nos estamos alejando mucho?”, comentan inquietos), y algo que me da cierto coraje -aunque admito que ya puede haber algo de manía personal-, a veces cuando los llevas por Doñana o la sierra prefieren ir mirando para abajo, a la odiosa videoconsola o móvil, en vez de  disfrutar del lugar al que están teniendo la suerte de ir oliendo, viendo, oyendo y disfrutando de la naturaleza.

Yo entiendo que a todo el mundo no tiene que gustarle el campo o ver aves, mejor así de hecho, que todos no cabemos en los puestos de observación o rutas de senderismo, pero tener el vínculo con el medio ambiente tan roto, tan inexistente, me parece algo común hoy en día a la par que increíble.

Otro hecho comentado en varios círculos y que me ha sorprendido por su frecuencia es cuando los niños ven un animal y dicen ” mira, pero si se parece a un [insertar aquí nombre del pokemon  al que se parezca el animal en cuestión]”. Vaya coraje, ¿pero qué mundo es éste? Al final resultará que los animales están basados en videojuegos en vez de al revés. Qué lástima que vean todo tipo de insectos, aves, mamíferos o lo que sea y se les vengan a la mente los pokemon con todas sus características en vez del nombre real del animal con características reales del mismo (hábitat, peligros que amenazan su existencia, alimentación…).

No me parece normal que un niño de 9 años, por poner un caso que me resulta cercano, se sepa 200 pokemon y luego no sepa, y esto es verídico, identificar una margarita, una amapola, un pino, un sapo,  un flamenco, un tejón,etc. Esto me lleva a otra reflexión, no en pocas ocasiones se me ha dicho que a los niños no se les puede dar tanta caña, que no llegan a tanto, que son pequeños para entender la evolución y cosas así. Este ejemplo de la evolución me lo han dicho en mi colegio, que era religioso, y por lo visto los niños si pueden entender desde preescolar lo de nacer de una virgen a la que se le aparece una paloma y lo de resucitar, por no hablar de la santísima trinidad. Y, de acuerdo, es innecesario que un niño llegue al nivel de diferenciar un cernícalo vulgar del primilla al vuelo, o cosas así, pero creo que si saben los pokemon debe haber alguna fórmula pedagógica para enseñarles los animales y plantas del parque de su barrio, los animales de Doñana, o los animales del Amazonas. Quien sí entendió bien la categoría de los niños fue Félix Rodríguez de la Fuente, que hablaba para todos los públicos pero sin restar información, a los niños de España les encantaba la naturaleza y muchas vocaciones nacieron bien temprano gracias a este hombre y toda su obra, por lo tanto imposible no es que a los niños les encanten los animales reales, porque bien que amaban al amigo Félix.

Imagino que de estos niños  que no saben nada de naturaleza vendrán algunos adultos como los que me he topado casi a diario en mi vida, incluso en la facultad de Biología, incluso dentro de los denominados biólogos de bota, lo cual ya es francamente hiriente. Bastante gracia me ha hecho toparme con personas de veintipico años que seguían el mismo patrón, nunca han hecho una ruta de senderismo y en el campo todo les da miedo o les molesta, es más, no saben ni qué ropa llevar al campo,dicho por ellos, de ahí alguna anécdota de alguna chica que ha ido a una excursión de la facultad como si fuera a un guateque de sábado noche o de chicos que iban como si fueran a ligar a un botellódromo. Un extremo que ya me ha sorprendido sobremanera y que está en el culmen de lo paranormal  son biólogos de bota que provienen de pueblos con naturaleza en su entorno y declaran que en su vida han ido al campo más allá de la Romería o una barbacoa, no saben ni los senderos que parten de su pueblo, no saben la vegetación o los animales que son característicos de allí…y estudian biología, y alguno está trabajando ya en temas ambientales, ¿curioso mundo éste no?

 

3 comentarios so far »

  1. 1

    Sylvanus said,

    Precisamente hace poco estaba pensando en lo que comentas, aprovechando que estos días de Pascua, saldremos con los amigos y sus niños “urbanitas” por el campo.
    Imagino que no es culpa de los niños, sino de los educadores, en todos los ámbitos. No podemos pretender que los padres, a quienes nada interese el medio ambiente, inculquen ese conocimiento no adquirido, pero sí deberíamos exigir una mayor atención desde la escuela, como asignatura de gran relevancia y obligatoria.
    Tanta reforma en los planes de estudios, y el medio ambiente sigue siendo algo muy secundario y marginal, cuando debería figurar incluso por encima de las matemáticas o el lenguaje, puesto que se trata de respetar y conservar el lugar donde uno vive, y otros vivirán.
    Sólo como anécdota, y aún no he empezado a ponerme en serio con ella, mi hija tiene dos años y medio, y ya sabe perfectamente lo que es un “enefante” (elefante), un “pototano”(hipopótamo), “dinoceronte” (rinoceronte), “tórtorola” (tórtola), león, pantera “nera”, “leotardo”(leopardo), tigre, lobo, “alila” (águila), búho y tantos y tantos más.
    Los niños, a estas edades, son auténticas esponjas que se empapan de todo lo que les cuentas, aunque no acaben de comprender su verdadero significado, sobre todo si lo planteas como algo atractivo, jugando con ellos.
    Desde que cumplió un año, cada animal que veíamos, hacía que me lo buscará y lo señalara después en la guía de campo, como un juego (¡y acertaba la colega, vaya si acertaba, la gente se quedaba alucinada!).
    El otro día corregía ya a un papá del parque que llamaba a una tórtola “colom” (paloma en valenciano), le decía a mi mujer; mamá, eso es una “tortorola”, no un “conom”…
    Ahora sabe ya cosas como que las ardillas viven en los árboles y comen piñones de las piñas, y los conejos viven en “cuevas” del suelo, y corren mucho, también que las abejas y avispan pican y pueden hacer mucho daño, pero que hay que evitarlas y procurar no matarlas. Cuando las vemos, les decimos “¡sigue tu camino, avispa, no me piques!”, y hasta sabe que si viéramos un osito en el monte, hay que marcharse de allí, porque la mamá estará cerca y puede hacernos pupa porque creerá que vamos a hacerle daño al pequeñín.
    Ya no es tanto que sepan diferenciar especies, sino que ello les ayudará a entender que existen otros seres dignos de atenciónm y que hay una necesidad de preservar un todo, en el que convivimos, sin ser ajenos a él.
    Mi hija está adquiriendo al menos esa atención hacia la fauna real, otra cosa será en qué quede su afición cuando empiece a tomar sus propias decisiones, pero por mí no quedará el intentar la concienciación.
    Sin embargo éste, como otros, son casos de gente muy apasionada por la naturaleza, la mayoría, por desgracia, no va a seguir esta línea, así que ese conocimiento y respeto debe de llegar desde la escuela, y a niveles mucho más importantes de los hasta ahora planteados.
    Y también debería de hacerse un esfuerzo desde la programación televisiva, y las series de dibujos animados, dejarse de tanta violencia de luchas y combates (los mismos Pokémon), y fomentar otro tipo de valores donde verse reflejados, con personajes animales, reconocibles, que causen empatía.
    Esto, en mi época de niño, era muy común, y por ahí también se aprendía (Jacky y Nuca, Las Aventuras del Bosque Verde, Banner y Flappy…)
    Saludos, ¡y perdón por el rollo de padre orgulloso!.

  2. 2

    Álvaro Luna said,

    jajaja de los comentarios más divertidos que he leído. Ha sido fantástico, los niños desde luego son una maravilla y una alegría eh, seguro que estando en tus manos esa niña se convierte en una conocedora del medio ambiente y lo respeta🙂

  3. 3

    Manuel said,

    Hola, Älvaro. Estoy totalmente de acuerdo contigo, sobre todo con los de la “capital” como decimos aquí. Cuando organizas una excursión de peques al campo, todas las madres quieren ir, y no para disfrutar juntos con sus hijos de la naturaleza, sino, es que les da miedo, y no les vaya a pasar algo al niño@. Y ahora organizas una visita por ejemplo a Isla Mágica, y no acude ni una madre, cuando en este tipo de recintos con las atracciones, el peligro se multiplica por diez.
    Me ha encantado tu artículo, y me ha parecido muy acertado.
    Un abrazo.


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