Repaso a la vida desde el sofá

 De siempre he sido partidario de realzar la importancia para las comunidades de seres vivos que atesora nuestro entorno más cercano, tanto los parques y jardines, como nuestros propios hogares. No hace falta ni coger el coche para disfrutar de organismos apasionantes, de joyas, o de simples ejemplos de la variedad de la vida que, como bien suele decirse, se abren camino a poco que les dejes. Esa es la idea de  este artículo: abrir los ojos, a través de breves pinceladas, a la biodiversidad que podemos encontrar apenas levantándonos del sofá.

Me paro a pensarlo y llego a la conclusión de que casi todos los grandes grupos de seres vivos pueden aparecer en nuestra casa. Podríamos comenzar por bacterias y virus, que tienen su sitio aunque no reparemos en ello. Limpiar la casa con tantos productos desinfectantes no es producto del capricho, prácticamente todas las superficies del hogar (sin contar aquello que se transporta por aire) son susceptibles de tener habitando sobre ellas infinidad de microorganismos. Las esponjas o trapos de limpieza, los desagües, todo aquello que tocamos (y tocamos mucho al cabo del día), los cepillos de dientes…y un largo etcétera de rincones en los que de tomar muestras detectaríamos una biodiversidad a tener en cuenta, ya que son para estos organismos un auténtico hábitat en potencia.

Pasando al mundo de los hongos también hay detalles a mencionar. Algo relativamente corriente es que surjan a modo de  “manchas de humedad”, cuya causa de proliferación suele ser una fuga de alguna tubería que moja las paredes de forma continuada. El sitio donde por antonomasia hacen su aparición es sin duda el cuarto de baño (la alfombrilla de la bañera por ejemplo), por las condiciones de humedad y temperatura que suele encontrarse en esta parte de la casa. En una frontera difícilmente definible se encuentran los Mixomicetos, organismos de ciclo de vida complejo. En épocas favorables son organismos unicelulares de vida “ameboide”, pero cuando todo va mal, se congregan para formar una estructura mucosa con gran capacidad defensiva frente a inclemencias variadas; y esto no es todo, de nuevo en un emplazamiento favorable, las células agregadas se reconfiguran conformando un cuerpo frugífero que liberará esporas de las que saldrán nuevos organismos unicelulares que vivirán libremente. Estos seres tan interesantes no están muy lejos, pueden habitar las tuberías de la cocina, alimentándose de materia orgánica proveniente de restos de comida. Concluyendo antes de entrar en animales, si tenemos patio o jardín, o que digo,  hasta en cornisas y balcones, pueden proliferar cianobacterias, musgos e incluso helechos, y ni hablar ya de plantas vasculares convencionales. Y al mencionar las plantas,  un buen observador puede encontrar insectos o pequeños arácnidos en las macetas donde las mantenemos.

Una casa humana supone un ecosistema en sí mismo, con hábitats donde diferentes especies ocupan un determinado nicho ecológico, con  organismos que han encontrado condiciones propicias para tener altas densidades de población -valiéndose de unas características ambientales y posibilidades alimenticias más que correctas- dependiendo en muchos casos de nuestra propia actuación en el hogar. Es increíble pero cierto, mientras simplemente vivimos nuestra rutina estamos influyendo en la vida de los organismos que aprovechan este espacio que hemos creado.

Entrando de lleno en el mundo de los animales, no son escasos los grupos que pueden aparecer en casa. Desde los pequeños ácaros que se alimentan de la piel muerta, hasta las aves, que pueden anidar en recovecos del tejado. Pero voy a centrarme en mencionar algunos grupos animales de interés que se ven, de un modo realmente fácil, en nuestro propio salón, y que la gente desconoce en muchos casos.

En nuestras casas habitan unos  insectos que se alimentan por ejemplo  de nuestros libros viejos, donde suelen aparecérsenos por sorpresa. Son los Tisanuros (pececillos de plata), pertenecientes a  un orden antiguo de insectos,  una rama diferenciada hace millones de años cuya principal característica es la ausencia de alas…así que podemos afirmar que tenemos prehistoria animal en casa. Otro dato revelador y diferenciador respecto a otros grupos próximos es que los Tisanuros no tienen metamorfosis, los jóvenes son adultos en miniatura. Su reproducción no ha sido fácil estudiarla, pero al parecer el macho danza alrededor de la hembra; no tienen cópula, sino que se reproducen vía espermatóforo, una opción que tienen algunos animales mediante la  que el macho ubica sus espermatozoides en una bolsa que deja colgando de algún objeto para que  luego la hembra lo recoja e introduzca en su interior.

Prosiguiendo con animales que todos hemos visto pero no todos conocen debidamente, no puedo olvidar hablar de los opiliones, unos animales que no son arañas pese a que todo el mundo lo da por hecho. Ambos son Arácnidos, eso sí, pero las “arañas de patas largas de detrás de las puertas de la casa del campo”  no son arañas. Existen en nuestro planeta unas 4 mil especies de opiliones, rara vez llaman la atención para bien, por desgracia, pero son animales interesantes. Los quelíceros de las arañas acaban en colmillo y los de los opiliones en pinza, Los tarsos de las patas son multiarticulados y flexibles,  y poseen  además la capacidad de desprenderse de algún miembro para escapar (con regeneración posterior). Muchos son omnívoros, pueden alimentarse de pequeños insectos que devorarán, no succionando el interior  como hacen los escorpiones  y arañas, sino comiendo pequeños fragmentos. Su modo de vida es colonial, y tienen algunas particularidades en su reproducción como que es el macho el que realiza el cuidado de la puesta.

Otro animal de imprescindible aparición en este artículo son las salamanquesas, porque hasta vertebrados como este reptil pueden ser inquilinos de nuestras casas. Las hay por nuestras paredes, acuden a la luz a devorar insectos. Son reptiles nocturnos del grupo de los “gecos”, con una habilidad asombrosa para desplazarse en paredes verticales gracias a la enorme adherencia de sus patas.

Además de estos ejemplos seleccionados para profundizar un poco  podemos encontrar más insectos, como  cucarachas, moscas y mosquitos, y mamíferos como los ratones, pero estos ya no son del agrado de nadie ni seré yo el que defienda su presencia en casa, ya que pueden transmitir enfermedades, aparte de lo evidente de que no es idóneo tener cucarachas en la despensa. En algunos casos son especies que han aprovechado nuestras construcciones para vivir con menos peligros de los que se encontrarían en plena naturaleza, o que ven posibilidad de encontrar alimento en grandes cantidades invirtiendo poco esfuerzo en su obtención, ya que aunque las ciudades tienen sus defectos como hábitat, también tienen sus ventajas (pensad en los duros inviernos); o bien también pueden ser especies de ambientes como cuevas o el subsuelo, lugares éstos con condiciones de temperatura, humedad, luminosidad  y alimento similares a las que se encuentran en las diferentes partes de la casa, de manera que no han tenido apenas ni que adaptarse a este nuevo hogar, salvo en el sentido de sobrevivir a las fluctuaciones poblacionales ocasionadas por nuestras actuaciones Efectivamente, también aquí actuamos como un elemento perturbador, provocando continuos desajustes en el ecosistema  mientras que las especies intentan adaptarse, dentro de sus límites posibles. Pese a todo, leed de nuevo este escrito, casi todos los grandes grupos de seres vivos con posibilidad de ocupar nuestro espacio vital tienen a algún representante en nuestros hogares. Buena parte de lo que aparece en los libros de biología lo tenemos alrededor.

Como conclusión, debo recalcar que en una casa con jardín, o ya si ampliamos nuestro radio de acción, en todo el casco urbano, son  numerosos los animales y plantas de gran interés que pueden encontrarse, por lo que me reafirmo en mi idea central de que en caso de no poderse ir al campo con asiduidad, la ciudad  no es ni mucho menos una opción desdeñable para la observación y el disfrute de la naturaleza. En Sevilla capital, por dar un ejemplo, habitan varias aves en peligro de extinción, además de especies que  despiertan el interés de turistas extranjeros ya que solo se ven(a nivel europeo) en España.

Bibliografía

Hickman C.P.  Principios integrales de zoología.  McGraw Hill (XIII edición)

Bryson B. Una breve historia de casi todo. RBA (2003)

Domínguez, L.M.  Guía de la fauna callejera.  Rubes (1994)

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